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25 de enero de 2010

MIS HISTORIAS EN EL METRO: PIES DE MUJER

He sabido de varones que a la vista de los pies de un mujer suelen excitarse. No soy de aquellos, sin embargo, ellos -los pies de mujer naturalmente- me llaman la atención de una manera estética. Pero no me crean: También me provocan alguna reacción erótica no importando la edad de su dueña.
Mi historia sucedió cuando viajaba en el Metro a una hora de menor afluencia de público. De frente, en diagonal a mi asiento, viajaba una mujer madura, de aspecto inteligente y se  intuía que gozaba del privilegio de la amenidad. Y -por supuesto- lucía unos pies en unas chalas (33º de calor había sido la máxima) y me había sido imposible evitar mirarlos furtivamente. Ella con naturalidad me preguntó:
-¿Tengo algo que modificar en mi ropa?
Sorprendido y sin argumentos le dije la verdad.
-No, no... Es que tus pies son muy hermosos.
Se iluminó su rostro.
-¿Sabes? El tuyo es el mejor halago que recibo en meses.
-Entonces afirmo mi idea de que los hombres somos algo bobos para descubrir que ustedes cuentan con reales encantos.
El Metro se detenía en una estación terminal en donde había combinación para el sur o norte de la ciudad. O ascender al Mall donde hay de todo para todos.
-Aunque pudieras asociarme a algún tipo de mujer voy a correr el riesgo: Te invito a un café o helados. 
-Bien, Pero yo invito ahora y tú lo harás la próxima vez. Y voy a correr también un riesgo: Vamos a platicar con transparencia nuestras pequeñas o grandes verdades.
-De acuerdo. Estupendo. 
Pasamos casi una hora distendida y coloquial. Ingresé al umbral de su mundo y ella al mío, sin asedios ni trampas. Fue divertido conocer que cada uno escribía en sus propios blogs, aunque los suyos no sean públicos.
Desde aquí le recuerdo que me debe una invitación a un café, y la estoy esperando