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30 de noviembre de 2010

LA FELICIDAD Y NOSOTROS

No acostumbro visitar el centro de la ciudad. En el tumulto un tipo tropezó conmigo al cual le cedí su paso. Permaneciendo algunos segundos frente a mí pronunció mi nombre. No lo recordaba, como suele sucederme. He sido animador de grupos y profesor de jóvenes, de parejas y de adultos. Y siempre me ha costado recordar rostros lo que, por cierto, me mortifica. 

Delante de mí estaba Javier, un hombre de unos 50 años, bien vestido. Después de hacer un resumen de cómo nos conocimos  y cómo estaban nuestras familias, me invitó a un café. Tenía la impresión de sostener una plática donde no se habla de cosas importantes esperando una noticia o una confesión. Después de un silencio vino su estocada: Vicente, no soy feliz. Tengo todo y no puedo ser feliz. Su rostro ahora de cristal estaba a punto de quebrarse. Lo más terrible, según sus palabras, era que no sabía la razón de su desdicha asegurándome que yo era el único que conocía su secreto. Sus familiares y amigos envidiaban su posición. Sólo su mujer le expresaba de vez en cuando que no lo veía bien.

Mi amigo tenía todo aquello que los demás desean: Una esposa que lo amaba, hermosos hijos, una gran casa en un exclusivo condominio, poseía una empresa desde hacía 10 años .y  contaba con el respeto y esfuerzo de sus subalternos. Además, una excelente salud a pesar de que su dedicación al trabajo era de 10 a 12 horas cada día.



Fotografía de Carlos Miguez Macho














Motivé una conversación relajada y no me ofendí al notar que mi amigo estaba pendiente de algo que haría, tal vez, más  tarde, pero continuamos hablando. Javier debía recordar que cuando se trata del corazón o del cerebro de alguien yo no tengo recetas ni formularios para ser feliz, a lo más alguna luz. Llegamos a un punto en que recorríamos muchos canales subterráneos de su intimidad, sin embargo se las arreglaba para no penetrar más adentro, a su conciencia para preguntarse quién es él o qué grandes sueños estaban quedando pendientes o qué  le gusta realmente en su vida. Era como si Javier no quisiera ser feliz y se castigara por algo. Cuando me serví mi café y mi trozo de torta Javier apenas había probado el suyo. Fue el momento de preparar la despedida de un encuentro tan fortuito e inesperado. 

Sé que nosotros los latinos somos personas de mayor cercanía por lo que, después de algunas formalidades, le dí un abrazo a Javier agradeciendo su confianza. Creo que comienzo a entender lo que me pasa -me dice- soy bueno en mi familia y en mi empresa, pero soy distante y autoritario con todo el mundo.
Ayer llamó Javier a mi móvil para decirme que empezaba a descifrar su desdicha: era su falta de afecto entregado y recibido incluso en su familia, sin darse cuenta pues así había sido formado, lo que le provocaba -decía- una tremenda insatisfacción. 

A lo mejor, no puedo asegurarlo, mi abrazo de despedida despertó en Javier una de las más auténticas formas de comunicación que tenemos los humanos: nuestros gestos y caricias que son más nobles y expresivos que las palabras.

23 de noviembre de 2010

AMANDA, HISTORIA DE PRIMAVERA

Cuando joven me gustaba el orden, demasiado. En muchos años de trabajo en una empresa llegué tarde once o doce veces nada más. Comencé a celebrar la juventud al comienzo de mi madurez, justo allí cuando después de terminar mis primeros estudios en la universidad conocí a Amanda (He cambiado su nombre, por supuesto). Y el orden que amaba, mis programas, casi se extraviaron. Ella era la espontaneidad. Sólo vivía. No le importaba ni el día ni la hora. Sólo que estábamos en primavera. Por ello debía esperarla mucho, lo que me resultaba insoportable, echando de menos la sintonía con el tiempo que transcurre y mi esfuerzo necesario. Hasta que podía verla, olerla, abrazarla y amarla. Nunca había reído tanto como entonces con ella ni preocuparme de tantos detalles que habían pasado desapercibidos en la relación con otras mujeres. Mi marcha acompasada por las exigencias de mi agenda se convirtió en una carrera de homenajes, encuentros breves o prolongados, despedidas casi rituales.

  Fotografía de Just Happy

                                                            
Su piel morena, sus ojos verdes y su tremenda imprevisión exaltaban mi ánimo llevándome a otras geografías extrañas, lejos de mis deberes atesorados por tanto tiempo. También debía esperarla a veces por mucho tiempo en su casa, por lo que su madre empezó a darme algunas atenciones que, por no saber delimitar, me fueron produciendo una desazón que demostraba que mi experiencia o acaso mi decencia no podían tolerar. Era una situación que  iba empañándose. Me sentía torpe y atolondrado.

Lo que había empezado con la primavera terminaba con ella. Amanda fue a pasar sus vacaciones junto a su padre ese verano y nunca nos encontramos. En el fondo de mí me alegraba que se produjera esta separación, sin embargo, en mi piel ha quedado algo leve como una lección de música nueva que, de vez en cuando, se asoma a mi memoria.

15 de noviembre de 2010

NO ESCRIBIRE SOBRE MI DOLOR

Hace semanas que no escribía. A muchos les ha pasado lo mismo, pues se cansan, viajan o enferman. Yo no escribía porque sentía un gran dolor, y a nadie le interesa saber del corazón doloroso de un hombre. Recuerdo y asumo el refrán que decía un humorista,  hace muchos años cada vez que terminaba su labor: Ríe y el mundo reirá contigo; llora y llorarás solo. Así he querido guardarme en mis trabajos, lecturas, ejercicios y mayor tiempo junto a mi nieto.

Mi mejor antídoto siempre ha sido la comunicación, compartir con los amigos y amigas y con la naturaleza, mirando sencillamente con optimismo. 

Estoy aquí de vuelta. Gracias.

9 de septiembre de 2010

MI VOLANTIN

Cortado su cordón umbilical caía hacia su destrucción, perdido y perplejo. Creía que contaba con alas como los pájaros pero sólo era un volantín al que se le había cortado el hilo que lo unía a las manos de un niño dichoso pero que ahora le apretaba el tórax mientras se iba cortado

Siendo niño sentía estar siempre en un estado de alerta para superar dificultades o superarme a mí mismo, por lo que no me relajaba como mis amigos. Sea porque mi padre se había ido o porque mi madre no tenía tiempo para mí criando a mis dos hermanos menores me sentía como un volantín apremiado por el viento, exigiéndome más y más altura y, al mismo tiempo, un hilo amarraba mi existencia tal vez para protegerla de caer pero ansiaba ver esa mano sostenedora. De esa manera, cuando caía un volantín en mi ancho patio provinciano, me entregaba a la labor de remendarlo y colocarlo después en la pared de mi dormitorio. Por las noches conversábamos. Me hablaba de sus sueños de nubes, de alborotos de pájaros, de las personas y perros que se encontraban allá abajo, de la feria de los frutos y pescados frescos. Yo soñaba siendo un volantín gozando del espacio en las alturas. Y si terminara abruptamente abrazado a un palto o peral o poste de alumbrado público me convertiría en jirones simulando ser bandera de un país lejano. Pero cuando ya era acariciado por alguna nube, me despertaba  de  repente  la preocupación de repasar la lección de geografía antes de marchar por calle Esmeralda hasta el Colegio Marista.
 

11 de agosto de 2010

A MI AMIGA ZUNILDA

Fui invitado por unos amigos jóvenes a conocer su casa nueva de la que estaban muy orgullosos y contentos. Cimentada con muchos sacrificios, aunque no era un lujo, la casa tenía buenas proporciones y un amoblado de buen gusto. La sala de espera poseía una ventana de paño fijo con un visillo que apagaba la firmeza del sol. Sobre una mesita de arrimo un tipo de begonia de hermosas hojas me sobrecogió alegrándome. Sentí la emoción de sentirme en comunión con la naturaleza y el cosmos a través de esa planta. Esta conexión me hizo recordar que los mayores conversan con las plantas asegurando que éstas se dan más sanas y más hermosas que las que reciben sólo su ración de agua. 
A nadie le merece dudas que las plantas y árboles son seres vivos y que son parte constitutiva de este planeta que muchos aseveran -y yo lo comparto- que también es un ser vivo.
Muchos adultos mayores no se quejan tanto de sus dolencias o del desgaste del tiempo en su organismo pues viven la alegría profunda de compartir con hijos, sobrinos y nietos, con lo cual ya se sienten retribuídos observando el crecimiento y las habilidades de las nuevas generaciones.
No he cambiado mi tema. Reconozco que existe una grandiosa distancia entre una planta y una persona. Pero la alegría cálida que me ofreció la begonia de mis anfitriones me trajo al corazón el recuerdo de una noble mujer de 94 años, celebrando las pequeñas y grandes alegrías, y los triunfos o infortunios, convirtiendo a las familias que la rodean cada día en algo hermoso con su presencia y sabiduría.
Es probable que la muerte -que para muchos es desdicha- se convierta en una segunda etapa novedosa y feliz, surgida de la clave de que cada mañana se agradezca a Dios o a la vida sus aciertos y desencuentros, porque -bien lo debe saber mi amiga Zunilda- la vida con su trayecto cotidiano es el único milagro.

5 de agosto de 2010

COMPADRE, PONGA ATENCION

Después de mi trabajo pasé a comprar algunos cuadernos que suelo devorar en poco tiempo. Ya en el bus de regreso veníamos con el natural cansancio de la jornada terminada y  el deseo de ver pronto a la familia cuando sube un muchacho, cansado también, para ofrecer unas galletas chocolatadas. Su arenga poco convincente denotaba que presumía que su venta dentro del bus no iba a ser buena. Me doy cuenta que cercano a mi asiento venía otro joven, como él, que murmuraba cada vez que exponía su mercancía. Al pasar por su lado aborda al vendedor de galletas y le habla con un tono de cierta autoridad: Compadre, ponga atención. Cuando quiera ofrecer o vender algo se necesita que esté convencido de que lo que vende es rico y que a usted mismo le gusta, y que hará feliz a quien lo compre. Dígalo con ganas. ¿Está cansado? La gente a esta hora también lo está. Hágame caso y le va a cambiar la vida.
Descubro que este episodio es una gran lección de vida. No quiero añadirle nada más. Mañana voy a vivir con más entusiasmo.

23 de julio de 2010

EXILIOS Y FRONTERAS

Olía a cocina a leña y a cenizas tibias una vez por semana en mi tierno pueblo de provincia. Olía a libros viejos en mi niñez lejana. Al llegar, años más tarde, a la ciudad de los grandes espacios y de las anchas avenidas, tuve silencios de exilios y de combates. Pasó otro tiempo y los ojos de ella iluminaron el camino a mi patria que ya no fue sólo mía sino de ambos cuando compusimos el himno a nuestro hogar dulce de primaveras. Nuestro casa era un lugar propiciatorio para agradecer la cercanía de mi mujer, su calor y su sonrisa.  


Pero después de embarazos, niños, colegios y fiestas de cumpleaños algunas sombras empezaron a rodear la casa. Una frontera cierta y fría nos fue separando paulatinamente. Fue un invierno muy largo y la marcha de dos o de cinco que éramos no tuvo un destino común.


No sé si fue el viento Raco, paseando por cerros y quebradas  o alguna paloma embajadora es que se fueron disipando las fronteras y los temores. Los aromos se fueron vistiendo de copos de oro y los cactus afanosos buscaban el sol.
 

Hoy un niño intransigente corre por la patria abierta como granada, contraviniendo los reglamentos domésticos. Sin embargo, nos doblegamos a su imprevisión e infantil ingeniería, como la mejor bandera de una patria que estuvo herida.

11 de julio de 2010

¿SER O NO SER?

Te confesaré que las verdades atesoradas durante mi niñez y parte de mi juventud me dieron fuerza y razón para vivir aquella época. Te puede sonar obvio sin embargo, llegado a la edad de los cuarenta y después de una corta y profunda crisis que le acompañó, me fui dando cuenta que mi mochila estaba repleta de recetas y códigos de los que no había medido certezas, e inicié un camino del cual aún soy peregrino. No se trataba ni se trata de despotricar contra Dios ni contra las instituciones. Ni siquiera escoger el mejor manual de auto ayuda. Era simple y profundamente deseos de vivir y para eso inicié un proceso de descubrimiento y aprendizaje para amarme de verdad, amar a los demás aceptándome como soy de la forma más transparente posible con mis virtudes y carencias. Sentí por primera vez que mi cuerpo no era prestado, que podía escucharlo, respetarlo, que era y es el centro de mis emociones, de mis sentires, de mis pasiones, dolores, sueños. Tal vez estés en el otro lado pensando caramba, este tipo comenzó a vivir sólo ayer y te voy a encontrar razón, pero debes saber también que mi formación viene de anteayer.

Vuelvo al principio. Siempre estaremos contagiados por alguna oscuridad alojada en el fondo de nuestra vida, pero lo importante es descubrir y valorar lo que somos y lo que no alcanzamos a ser. No cabe duda que dependemos de los demás pero no podemos vestirnos del uniforme de los otros y otras. Y también los demás dependen de uno cuando pueden ver nuestra fascinación por lo que es justo, como por la naturaleza y el cosmos, o por esa fuerza preciosa que podríamos tener de querer ser mejores como seres humanos, con proyectos comunes que nos hagan vivir mejor y ser más plenos y felices.

28 de abril de 2010

OBITUARIO PERSONAL

Una bandada de aves migratorias robó mi tiempo
y lo ha depositado en esta estación vespertina
pues no he podido darme cuenta de la edad que llevo
hasta que amigas y amigos han comenzado a marcharse
sucumbiendo a una flecha envenenada
o, solitarios, dejaron de contar sombras
ante su puerta cerrada.
Hubo uno resistente como espada:
luchó por lo más noble de los humanos
hasta caer de bruces sobre la tierra cubierta
de sus pasos. 

Me otorgo la obligación de ir recordando 
a los que se han ido y que tuvieron algo en común
en la fatiga de las jornadas:
el itinerario compartido de los sueños
y la porción de divinidad que todos tenemos
al transformar las lágrimas en aguas reposadas
en la profunda experiencia del abrazo
de cada encuentro.


Voy muriendo un poco con los que murieron
en estas tempranas o anunciadas ausencias
a mi corazón aferradas,
mientras soy romero en este camino 
al cementerio.

8 de abril de 2010

BIODANZA

Este mundo está envuelto en la maraña de la hiedra de los temores y la desconfianza, de silabarios incomprensibles, de intenciones no reveladas, de urgencias infinitas sin descanso ni destinos.

Sin embargo, en este lugar, unas cuantas palabras son suficientes y seguras, breves mensajes dados o recibidos desde el corazón de cada existencia, haciéndose luz, viento tranquilo, humedad, alegría. Se enmohecen los miedos. Las trincheras son cubiertas y la tierra se escribe con diversos cultivos.


Abrazamos. Llega la paz.

28 de marzo de 2010

DESPUES DE...

Yo lo sé y tú también lo sabes: Quedarán cicatrices pero tus dolores se irán marchando con el apacible viento, espíritu de la tierra, ese que hace cuatro semanas despertó a los demonios de los infiernos de las profundidades -demasiado tiempo dormidas-  destrozando los sueños y la heredad de antiguas y húmedas generaciones. Después del terremoto acá en Chile hizo su entrada el mar, borrando lo que había quedado y dejando en medio de las calles de los pueblos las embarcaciones de los pescadores. El maremoto además dejó desconsolados a abuelos al llevarse a sus nietos, y a hijos y nietos que no pudieron ascender los  cerros con los ancianos para librarlos del agua, holocausto injusto para hacer dormir al psunami hermano de terremotos.
Bastaron tres minutos para interrumpir la vida -a muchos para siempre-  y hacer desaparecer las limpias calles bajo toneladas de escombros, murallas, postes de alumbrado público, camas de vecinos que habitaban lejos, cuerpos de perros regalones que hacían estallar en llanto a sus pequeños amos.
Tres minutos y numerosas réplicas. Sin embargo, no maldecimos al terremoto cuando llega. Es ciertamente indeseable. Un tumor del cual podemos sanar y volver a correr, a laborar, a amar como antes. Y mejor.
Muchos pueblos ya se están planificando más arriba, no tan cerca de la costa. 
¡Fuerza, Chile! 

25 de enero de 2010

MIS HISTORIAS EN EL METRO: PIES DE MUJER

He sabido de varones que a la vista de los pies de un mujer suelen excitarse. No soy de aquellos, sin embargo, ellos -los pies de mujer naturalmente- me llaman la atención de una manera estética. Pero no me crean: También me provocan alguna reacción erótica no importando la edad de su dueña.
Mi historia sucedió cuando viajaba en el Metro a una hora de menor afluencia de público. De frente, en diagonal a mi asiento, viajaba una mujer madura, de aspecto inteligente y se  intuía que gozaba del privilegio de la amenidad. Y -por supuesto- lucía unos pies en unas chalas (33º de calor había sido la máxima) y me había sido imposible evitar mirarlos furtivamente. Ella con naturalidad me preguntó:
-¿Tengo algo que modificar en mi ropa?
Sorprendido y sin argumentos le dije la verdad.
-No, no... Es que tus pies son muy hermosos.
Se iluminó su rostro.
-¿Sabes? El tuyo es el mejor halago que recibo en meses.
-Entonces afirmo mi idea de que los hombres somos algo bobos para descubrir que ustedes cuentan con reales encantos.
El Metro se detenía en una estación terminal en donde había combinación para el sur o norte de la ciudad. O ascender al Mall donde hay de todo para todos.
-Aunque pudieras asociarme a algún tipo de mujer voy a correr el riesgo: Te invito a un café o helados. 
-Bien, Pero yo invito ahora y tú lo harás la próxima vez. Y voy a correr también un riesgo: Vamos a platicar con transparencia nuestras pequeñas o grandes verdades.
-De acuerdo. Estupendo. 
Pasamos casi una hora distendida y coloquial. Ingresé al umbral de su mundo y ella al mío, sin asedios ni trampas. Fue divertido conocer que cada uno escribía en sus propios blogs, aunque los suyos no sean públicos.
Desde aquí le recuerdo que me debe una invitación a un café, y la estoy esperando